El abuelo y la felicidad

– Mamá, este jersey era del bisabuelo, no? Yo me lo quiero poner!!! 

En Suiza los gemelos han dormido con el pijama del abuelo -sí, les quedaba inmenso-, se han abrigado con su jersey, han “espiado” con sus anteojos la montaña, han hecho un museo en su habitación con sus herramientas, han admirado sus objetos históricos y han preguntado y preguntado sobre él, su vida, sus costumbres, sus gustos… Había algo profundamente emocionante en hablar de mi abuelo con mis hijos, era como tejer un puente de recuerdos y de historia familiar. 

– Mamá, dónde está enterrado el bisabuelo – preguntaban cada día con genuino interés. 

– Mamá, cuéntame otra vez la historia de cuando tu abuelo te pinchaba con el tenedor para que no pusieras los codos en la mesa – se reían. 

– Dame su jersey que es el más calentito, mira qué listo era bisabuelo.

– Y el bisabuelo estuvo en la guerra? Porque el papá de la iaia también estuvo! 

Cada día descubrían algo nuevo sobre el bisabuelo, la casa familiar, las costumbres, y es increíble lo mucho que les interesaba un bisabuelo al que nunca conocieron. Pero estaba presente de un modo muy natural. Y verlo era entrañable. 

Tener abuelos te arropa ante la vida. Estoy convencida que saber de su historia te conecta con una parte de tu yo profundo, que sus enseñanzas tejen pequeños puentes invisibles a hacia la felicidad, la sencilla, la de los gestos más que las palabras, la que nace de haber vivido la vida como venía. 

Hoy regresan de sus vacaciones el par de dos. Han estado semanas con los abuelos, los tíos, los primos, y si me atengo a los recuerdos de mis largos veranos en Suiza estoy segura que han acumulado recuerdos y experiencias muy especiales para una futura vida feliz. Porque sentirse integrado, adaptado, arropado y mimado también te moldea para una actitud más positiva ante la vida.

Un amigo comentaba el otro día que lamentaba no haber conocido a sus abuelos, que tenía la impresión de haberse perdido una relación importante en la vida. 

Es cierto. Se la perdió. Es una lástima perder ese poso de historia y amor que transmiten los abuelos. Me alegra mucho que mis hijos puedan disfrutar de los suyos, tan diferentes todos, tan llenos de historias por transmitir y abrazos por dar. 

Y es que la historia, con los abuelos, te arropa ante la vida. Como el mullido jersey del bisabuelo Edmond Wyser. El que fue a la guerra. El que bailaba mejor que la bisabuela y se dejaba pisar los pies. El que trabajaba la madera en sus ratos libres. El que amaba la historia. El que paseaba por el bosque. El que visitaba castillos. El que tenía un piano, y su padre era músico, y… 

La historia, que te arropa. 

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