Cuando los Reyes se confinaron por COVID y otras historias pandémicas de Navidad

😷 Vivimos tiempos extraños 😷
Tiempos de incertidumbre. De echar de menos pero no saber si atreverse a quedar, a verse, a abrazarse o besarse.

Tiempos de aprender a fluir. A improvisar. A adaptarse, porque lo que hoy era válido ya no lo es mañana.

Tiempos de atreverse. Al ruido, a la muchedumbre, a hablar, y callar, y respetar(se).

Tiempos de respirar.
Hondo.
Una vez.
Y otra. Y otra.

Tiempos de escoger aunque no quieras. De aprender a priorizar. De saber qué lo más importante es lo más importante, y descubrir qué es eso que es más importante para nosotros.

Vivimos tiempos extraños en que pensábamos que ya sí, por fin, pero no, quizá, solo un poco, nada…

Una Navidad que empezó siendo para muchos el reencuentro y que se ha ido diluyendo en sustos que te mantienen alerta. Hospitales, positivos, test de antígenos, mascarillas, distancia, renunciar a encontrase, seguir renunciando… Y al final, dos años y medio después, pum… Te atrapó el bicho. Tenía que pasar, tarde o temprano, a pesar de las vacunas, las precauciones o las renuncias. No, nadie lo hemos hecho todo al 100% bien, porque estás cansado o bajas la guardia o te pueden las ganas o simplemente, a pesar de las distancias y los frenos y los geles y las ventanas abiertas que dan frío… te atrapa.

Así que los Reyes han tenido que venir confinados. Con un padre aislado al que le hemos construido un árbol de navidad de cartón bajo el que poner regalos. Con videollamadas. Con la casa dividida en tres: uno en la habitación pasando un mal catarro, otra en la cocina comedor ocupándose de la intendencia, tele trabajando junto y los fogones y durmiendo en un colchón bajo la mesa y los mellizos a cargo del salón, la televisión y la consola. Menos mal de internet, los desayunos en videollamada, los netflix y Amazon prime vídeo a dúo y de los patios en los que hacer aperitivos mirando al balcón de arriba. Menos mal del buen humor. Y de la vacuna que lo hace todo más leve. Menos mal que a pesar de todo estamos bien, en estos tiempos tan raros en que sumamos anécdotas pandémicas para cuando seamos unos abuelos chochos que hablen de su mili coronavírica una y otra vez… “¿Te acuerdas del año nuevo 2022?”.


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