28 días para ser feliz. Día 2: come para tu ánimo (y baila con trenzas y a lo loco).

💫 Pequeñas cosas que me hacen feliz💫

2 – El queso. De todo tipo. Sí, huele mal, y cuánto peor huele, mejor. Pero, qué bueno, qué delicia. Lo disfruto en anticipación desde que voy a buscar el queso hasta que lo corto y me lo como poquito a poco.

Vale, sí, hace años que no “puedo” consumir lácteos de vaca porque me sientan regulín y la mejor perspectiva después de saltarme la autorestricción es una noche trompetera. La peor incluye dolores y naúseas y migrañas que no deseo a nadie. Peeeerooo… El queso de cabra o de oveja pasa. No siempre ideal, pero pasa. Y yo no concibo un mundo feliz sin queso. Si viérais la cara de “tú estás loca” que le puse a mi digestóloga el día que me dijo que renunciara al queso a pesar de haberle explicado que teniendo orígenes suizos es imposible que no coma una fondue cuando voy a visitar a la familia. “Pues ni gluten (pan) ni queso nunca más”, me dijo tan pancha. Y yo, en esto, he renunciado a ser coherente en pos de la felicidad sencilla y llanamente. Pase no comer gluten. Pase huir de la patata que me da alergia. OK a reducir el consumo de productos altos en histamina como tomates, berenjenas, pimientos y calabacines a pesar de que forman parte de la base de mi alimentación. Peeeero… El queso, el queso no, querida. Aunque sea de oveja y cabra.

Y me adelanto a otro momento feliz, pero es que yo soy así. Me salto mis propias normas y retos al segundo día. Pero… ¿No os hace muy felices trenzaros el pelo? ¡Me encantan las trenzas!

Pide por esa boquita. Comer no solo alimenta tu cuerpo, también tu ánimo, tu alma, tu todo. Ya os lo decía esta mañana: me pirra el queso y si no puedo comer lácteos de vaca pues me busco la vida allende los quesos.

Mi hijo preadolescente (casi que sin el “pre”) me ha dicho, literalmente, “mamá, hoy ¿no tendrás ninguna reunión importante, no? Es que pareces Heidi, no parece muy serio, la verdad”. Alá, ahí queda eso. Se ha quedado más ancho que largo. Pero mira, parecerme a Heidi en día laboral y a los 45 años me parece estupendo. Eso también me hace feliz, mira tú. Así que para celebrarlo me he pegado mi bailecito mañanero mientras arrancaba el ordenador para trabajar. Otro día hablamos del baile, que hoy ya he adelantado demasiado. No corráis 😉

#febreroenreels22 2/28

PD: bailando con trenzas y a lo loco la vida es más brillante. Aunque tu hijo te llame Heidi y te mire entre condescendiente, admirado por tu belleza y con vergüenza ajena. No me ha pedido que me peine de persona “mayor” para ir a buscarle a la salida de extraescolares porque no se ha atrevido, pero se le escapaba la intención en las miradas de reojo y cómo me preguntaba “¿así vendrás a buscarme?”… Y yo me he hecho la loca porque le estoy dando una lección de vida y de principios. Si una es feliz con trenzas, peto y camisa de rallas, sea. Mejor felizmente avergonzada que tristemente integrada. He dicho.

Día 2/28 #febreroenreels22 con @pimpampelis. Reto inspirado por @victoriapenafiel 2/28. Pura realidad sin filtros ni disimulos en #febrerosinedulcorantes


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