28 días para ser feliz. Día 8: sol, vitamina d y la serenidad del día (If it was my last day on earth)

8/28

Un minuto de sol.
O dos. O tres. O diez.

En silencio, sola yo conmigo misma. Y si se puede, piernas al aire, sin media ni pantalón que coarten pieles.

Salir café en mano en taza inspiradora, sentarme al sol, cruzar las piernas encima de la mesa y levantar el rostro hacia la vitamina.

Pelar perezosamente una mandarina. Y degustarla, gajo a gajo, párpados cerrados y mente concentrada en su sabor.

Diez minutos. O veinte. Y renaces nueva. La espalda me sigue doliendo (cosas de tener emociones atragantadas y balas posturas), pero la vida es un poquito mejor con vitamina D.

Si además tienes una persona vitamina alrededor con quien compartir esos minutos, la experiencia ya es sublime. Pero eso es otro cantar… Como la canción que os compartía ayer…

Un día placido, normal. Con los míos. Y sol. Si fuera mi último día en la tierra no correría como pollo sin cabeza ni intentaría hacer cosas extraordinarias. Claro que me tientan los viajes, las praderas, la brisa de la aventura en la cara y una historia memorable…

Pero, en el fondo, qué hay de más memorable que un buen día cualquiera disfrutando de pequeñas cosas. No pido más…

Pequeñas cosas y saber apreciarlas para disfrutarlas.
Placidez.
Serenidad.
En realidad, la felicidad era esto.

#febreroenreels22 8/28

Y colorín, colorado, la mandarina y la canción han terminado.


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