A veces la vida duele

A veces, la vida se precipita. Y en su vorágine todo parece demasiado rápido, complicado, explícito. Te grita, “¡Venga, venga, ahora, dale!“, mientras resistes, porque el cambio hiere, afilado, da miedo… Al fondo, entre ese cuchillo y tu inmovilidad, el precipicio oscuro de la incertidumbre.

Duele, la vida.

Desnuda, plantada ante ti, esperando indecente que acabes por tomarla a la fuerza o la vuelvas a vestir, rápido, tapando los resquicios de preguntas pornográficas cuyas respuestas no quieres escuchar.

Es posible pasar de puntillas, respirando apenas, para que no despierte, para que no duerma, deseando aferrarla en una vigilia insomne y perezosa eternamente. Tu felicidad son las aguas tranquilas…

O tal vez no. Tal vez la felicidad es tan sólo una quimera embriagadora, efervescente, desvaneciente. Una luz fugaz, un estado ingrávido flotando de un lado a otro que va convirtiendo tu cuerpo en una masa amorfa constantemente aplastada, expandida, excitada, humillada, hundida, modelada, restregada, arrastrada, entregada, acoplada, sonriente o lloriqueante.

Sufrir o no sufrir. Disfrutando, claro, de la superación. O vivir muriendo. O morirse viviendo. ¿Alguien tiene la opción? ¿O te toca? ¿O te educan? ¿O eres?

****

Explotó, la vida, llenándolo todo de cristales quebradizos tantas veces al borde de la destrucción. Para bien, o para mal, entre la duda de seguir viviendo en un sueño sin sueños o de saltar de la pesadilla a los brazos dulces de Morfeo en un estado sucesivo, arriba, abajo, arriba, un rato en el centro, y arriba, arriba, arriba para volver a bajar un rato, y respirar de las catacumbas del espíritu propio antes de volver a ahogarse en el camino de ascenso.

Me falta pasión“, se oyó en un débil susurro. “¿Quieres decir sexo?“. “No, no sólo sexo, pasión“. Un nudo en el estómago, una atracción irresistible por un beso, electricidad en movimientos torpes, ansia, deseo, sueños insomnes, noches blancas, días turbios, minutos eternos y horas mínimas, visión de conjunto, de futuro, de querer, de entregarse porque la corriente de tus entrañas es más fuerte que el ancla de tu mente. Pasión…

Pero si quieres decir sexo, deberías haberme dicho que era tan importante para ti, deberías haberme dado un ultimátum, quizá así, al final, me hubiese gustado“… Después de tanto tiempo dulce, de tanta comodidad, de sonrisas flojas y besos de aire, de palabras vacuas, de intentos fracasados, de desinterés, de amor encorsetado, de amistad de amantes, de amantes reblandecidos… Ahora no, es tarde para los reproches y los intentos desesperados, es demasiado pronto para dejar pasar los sueños.

Y después de todo no es sólo sexo, es un no sé, un dónde estoy, un no me entiendo, un quizá me equivoco, un puede que peque de ambiciosa“. “No entiendo, para mí era suficiente, era ideal, era lo que tenía que ser“. Diferencias… Viva la diversidad, y el respeto a lo ajeno, pero cómo, pero hasta dónde, pero qué es uno mismo si es una mitad en vez de un entero, si es un esto-lo-quiero-y-esto-no-lo-quiero.

“Pero yo te acepto, te respeto, te comprendo“. Es cierto… Aunque yo no me encuentro. Entre tu amor y el mío, me perdí en el camino, confundida por la no-pasión, atrapada por el calor de tus manos y el cariño de tu aliento.

Dolorosa, explotó la vida. Sacudidas las entrañas no había vuelta atrás. Tenía que herirte. Debía hundirme. Y ahora, liberada, ligera, dejado atrás el lastre de tu perfecto cariño, ahora, me pesa tu desamor. “De pronto me apareces arrugada y fea, desvanecida, sin la energía que adoraba… Te pierdo, te marchas, estás tan lejos que no veo tu luz y sólo tu espantosa oscuridad me inunda“. ¡Cuánto me liga tu decepción! Esa mirada triste, las palabras de reconquista desanimadas, los gestos de rechazo tirados al aire… Me quería a través de tu inmenso amor y sin embargo yo misma he sido la causante de mi destrucción en tu pupila fría. Pretendes que llore, es lógico, yo también te quiero. Pero sucede, amor, que yo te perdí mucho antes, entre caricia y caricia, mientras soñaba con otro cuerpo, mientras chillaba en silencio porque no estaba en tu ombligo mi deseo.

 

~Fin ~

 

PD: Este texto es ficción, o no tanto. Este texto lo escribí hace muchos años, en uno de esos momentos, ya sabes, en que el desamor te hiere. Puede que todo fuera verdad o puede que no, os dejo el misterio. Pero hoy, buceando en mis antiguos textos, poemas y cuentos, he encontrado este escrito y me ha parecido bonito compartirlo. Porque después de todo, el desamor, las decepciones y el mirar hacia adelante cuando la vida duele también forman parte de la vida. Esencial, diría. Y ahora que estamos en domingo, relajados, con tiempo para leer y pensar, ahora que somos felices y que la vida es plácida, quizá valga la pena echar la vista atrás y recordar que  a veces fue turbulenta y que vale la pena cuidar los pequeños detalles que hacen que ahora las aguas hayan vuelto a su cauce. ¡Feliz domingo!

A veces la vida duele, un texto de Celia Ramón Wyser
A veces la vida duele, un texto de Celia Ramón Wyser
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