Dejar la mente volar

Me gusta cuando callas y estás como ausente... Estoy con la mirada perdida en el Café del Mar, una de esas cafeterías bonitas de cualquier parte, con bossa nova de fondo, muy bajito, con libros en las paredes y mesas redondas de estilo parisino. 

Estoy con la mirada perdida y enrosco y desenrosco un mechón de pelo en mi dedo mientras pienso en todo y en nada. Me gusta dejar la mente divagar. El nombre de la cafetería me recuerda el otro Café del Mar, el de Ibiza, el de las puestas de sol y el chill out. Hay mejores puestas de sol en la isla, como las de los barrancos de Santa Inés, las  de Ca Na Xamena, las de Punta Galera o las de Cala den Compte. Pero esta bossa nova lounge y el nombre del café me transportan a Café del Mar, que también está muy bien. Y claro, me acuerdo de Ibiza. Del primer beso, ves a saber porqué, de las excursiones a las torres piratas, de los amigos… Voy de azul, mar, cielo, y divago. Me digo que es bonito tener recuerdos bonitos con gente bonita. Me digo que debe ser una verdadera lástima pasar por situaciones trágicas como una guerra o un abuso -sí, sigo con el runrún- y que cuando dejas la mente fluir te vengan recuerdos atroces y tristeza en vez de este sinsentido plácido que me viene a mí. Me estoy poniendo trágica, y triste… Reconduzcamos la mente -amenudo hay que hacerlo-. Volvamos al divagar fútil… 

Disfrutemos de este café a solas -solo las madres y padres de hijos pequeños podrán apreciarlo con tanta intensidad y sensación de lujo-. Dejo la mente divagar y por algún motivo desconocido no dejo de recitar el poema de Neruda. Me gusta la poesía. Ojalá fuera poeta. Ojalá me dedicaran versos…

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,

y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.

Parece que los ojos se te hubieran volado

y parece que un beso te cerrara la boca.


Como todas las cosas están llenas de mi alma

emerges de las cosas, llena del alma mía.

Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, 

y te pareces a la palabra melancolía.


Me gustas cuando callas y estás como distante.

Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.

Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:

déjame que me calle con el silencio tuyo.


Déjame que te hable también con tu silencio

claro como una lámpara, simple como un anillo.

Eres como la noche, callada y constelada.

Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.


Me gustas cuando callas porque estás como ausente.

Distante y dolorosa como si hubieras muerto.

Una palabra entonces, una sonrisa bastan.

Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Pablo Neruda

Poema número 15, 20 poemas de amor y una canción desesperada. 

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