La alacena

Tener una alacena es un pequeño placer en sí mismo. Parece una chorrada, verdad? Pero a mí me encanta, tiene el encanto de lo antiguo, de lo de siempre. Tener una alacena llena, claro, vacía tiene que dar una gran sensación de desamparo. Una alacena llena y además ordenada, con sus tarros de cristal llenos de pasta, arroz y lentejas, con sus cajas, sus cereales… No es un plan muy emocionante para un domingo pero es un pequeño placer (y algún día se tenía que hacer) 😉 

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