Donde se complican los deseos (o cómo ser infeliz)

En el camino a la edad adulta es el lugar donde se complican los deseos. De pronto tus sueños son inabarcables en un solo pensamiento, a veces incluso metas inalcanzables a menos que te lo curres mucho o tengas mucha suerte o tu vida y tu cuerpo y tu circunstancia sean otros (y lo sabes).

Lo malo es que entonces los deseos pierden su magia porque los acabas soterrando sobre quilos de frustración y desengaños mal disimulados. Lástima.

Hay que desear a lo grande, dicen. Pero yo creo que deberían añadir “y alcanzable”. No digo fácil, digo que esté realmente en tu mano.

– Que me toque la lotería… – Hombre, puedes gastarte el sueldo en boletos pero lo mismo té arruinas por el camino de la riqueza echada a suertes.

– Que me quiera Menganito – y Menganito quiere a otra persona que no eres tú y por eso te pone tanto, en plan tragicomedia de no els rosa.

– Que seamos felices – y te concedo que es un buen deseo si te sirve de espolón para ir, tú, en busca de la felicidad con tus actos y pensamientos diarios.

Mis hijos arrasan los campos de dientes de león y soplan y soplan y ríen y comparten la preciada flor. Cantan a la luna y desean a la luna llena. Pero me doy cuenta con ternura que sus deseos son más simples y mundanos y que por ello viven felices sabiendo, porque lo saben, que los deseos se cumplen y que la magia existe, que si crees, sucede. Piden pizza para cenar (algún día, y algún día cae), piden lluvia, o sol, piden besos de buenas noches o que la familia hagamos actividades juntos y lo pasemos bien. Que seamos felices. Y como la familia lo pasa bien en un campo de dientes de león y no han especificado que quieran un viaje a Disney World, el deseo se cumple y los dientes de león siguen funcionando.

Que no digo que nos conformemos con poco, pero tampoco hay que exagerar. Y si exageras, que sea por simple inspiración sin que la frustración venga a visitarte.

“Deseo, deseo”… Cierras los ojos con fuerza y soplas tus esperanzas. Una vela de cumpleaños más. Un diente de león. Una margarita deshojada. Cierras los ojos y piensas en silencio, con intensidad, y nunca jamás confiesas tus deseos más secretos, por si acaso no se cumplen. Quizá es tan solo una superstición, pero por si acaso.

Sopla.

Y que tu deseo se cumpla.

PD: deseo seguir queriéndome con un año más y aceptar un cargamento de bolsas, arrugas, manchas y signos de envejecimiento que me empiezan a obsesionar y contra los que no puedo gran cosa. Deseo seguir rodeada de amigos generosos que compran pendientes hechos a mano y sobretodo hacen magdalenas caseras y traen velas al viaje que coincide con mi cumpleaños. Deseo tener besos de buenas noches y de buenos días. Deseo seguir escribiendo por aquí a un público indefinido pero importante. Deseo seguir buscando un pensamiento positivo diario. Deseo…


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