Un día perfecto puede ser un día cualquiera.

Un día perfecto 💫 puede ser un día cualquiera.

Uno en que te levantas y es festivo. Sorpresa.

Y lees perezosamente. Tanto que tienes que correr para no llegar tarde al café con amigas.
Hace sol. Y su calor aún te produce más sensación de somnolencia.
Y callejeas mientras conversas.

Y encuentras un libro de segunda mano en un cajón de libros en un parque… A cambio ya tienes en mente dos o tres que podrías traer y dejar en el estante para que encuentren otro lector errante.
Ganaste un menú de sushi. Y comes sola, en silencio, paladeando tu libro y el edamame humeante.

Y como el rastro del coronavirus te mantiene exhausta a los tres pasos que das, remueves un café junto al libro mientras esperas a recoger a tus hijos del cole. Ahora que van y vuelven solos, venir un día a la puerta del colegio es un acontecimiento celebrado a tres bandas.
Lástima que te has quedado sin hora en la peluquería, un masaje espumoso ya hubiera el colofón.

Pero tampoco hace falta más. Un día perfecto puede ser un día cualquiera.


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