Yo no quiero salvar la Semana Santa

Yo no quiero “salvar la Semana Santa”. No como “salvamos” la Navidad, a costa de hacernos los listos y donde dije seis digo ocho y dónde comen ocho comen diez y si no nos vemos hoy nos vemos mañana y por la noche con los otros y pasado con los demás.

Yo no quiero hacerme la loca y decir que me voy con mi burbuja pero encontrarme “casualmente” con tres burbujas allá en la montaña o el cámping o la casa rural donde no hay policías de la mascarilla.

Yo no quiero hacer ver que no va conmigo ni decir “es que esto ya cansa” o “total, los alemanes sí que pueden venir” como si eso fuera excusa de bajar la guardia.

Vacaciones de verano 2021, Begur

Yo no quiero salvar nada más que las vidas truncadas que están por venir. Porque parece que no nos acordamos de cuando salvamos el verano y nos arrolló la ola. Y salvamos la vuelta al cole y no nos dio tiempo a saltar la marejada que venía detrás. Y salvamos la Navidad y en pleno invierno seguíamos corriendo como chiquillos despavoridos ante el vaivén frío del mar. Como si nada de todo esto fuera con nosotros. Como si todo fuera un agravio contra nuestra infinita paciencia de buenos samaritanos que ya no pueden aguantar no sentarse en la terraza de un bar.

No, yo no quiero salvar la semana santa. Lo que quiero es honrar el cansancio infinito de nuestros sanitarios y cuidadores y de los de la limpieza y… Lo que quiero es tener un mínimo respeto por quienes sufren aún secuelas. Y tener empatía con los que han perdido a perdonas muy importantes en su vida. Y comprender a quienes son de riesgo y viven con miedo a salir.

Qué lo entiendo. En serio. MUCHO. Yo también estoy muy cansada, hastiada, con ganas de vacaciones en mi isla y muchas fiestas de achuchones y besos. Quiero barbacoas multitudinarias, una verbena que dure bailando hasta bien entrada la madrugada. Quiero brindis de los de cerca. Y piel. Mucha piel con piel. Quiero viajar a lo loco y sin destino, con mochila y caravana y tren y avión y bungalow y hotel y piscina y playa y museo y subir a gritarle al mundo desde la Tour Eiffel. Quiero celebrar el cumpleaños de mis hijos con todos, absolutamente todos, sus amigos. Y el mío, en la disco. Quiero…

Pero yo no quiero salvar la Semana Santa.


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