Autorretrato 12: de cuando la vida se llenó de días iguales y yo estaba hasta el moño

De cuando la vida se llenó de días iguales.
Y no te quejes.
Y que siga.
Aunque sea una tele vida.
Una semi.
Una.

De cuando los niños descubrieron que tocaba relacionarse a través de la pantalla, y hacer videollamadas para los deberes y escribir en un chat para relacionarse porque ir a extraescolares y correr y saltar en el parque o respirarse secretos al oído era muy peligroso.

De cuando detrás de la mascarilla no sabías si había asco o sonrisa.

De cuando no sabías si atreverte al abrazo.

Yo no sé qué consecuencias nos traerá toda esta pandemia y cómo la hemos vivido pero todavía nos queda mucho y de pronto ya no veo tan claro el final. Qué salir de esta saldremos, juntos, no tengo duda. Pero ¿cuándo? ¿Cuántas cenas con amigos, cumpleaños, viajes y tardes compartidas más nos perderemos? ¿Nos dejaremos la salud mental en el trayecto? ¿Y las amistades?

Miro a mis hijos chateando a los diez años y me digo que ha llegado demasiado pronto, que es una vía libre al pantallismo como relación, que están perdiendo piel y carne y suspiros reales. Aunque esta es su realidad, y la viven intensamente, y a ver quién les resta pantalla cuando es casi lo poco que les queda.

Por el camino han quedado las tardes de fútbol, las carreras en el parque, esconderse en los matorrales, subirse a los bordillos de las aceras en fila india haciendo equilibrios…

Pero no te quejes. Qué ni tan mal. Qué menos mal. Qué estamos bien. Qué vamos tirando. Qué pronto volveremos…

Una vecina me decía que estaba deseando volver a la oficina ni que fuera una vez a la semana por salir de casa. Una amiga anda triste añorando los días en que no se sentía envejecida a la fuerza. Otra está deseando que vayamos a bailar. Y yo me pregunto si no llegaré tarde, si aquella amiga volveré a verla o toda esta separación forzosa ya será al final la estocada definitiva…

En fin, que la vida sigue, un día tras otro, con sus más y sus menos y sus todos y sus nadas. Y que estoy deseando pasear entre almendros en flor y olvidarme de que esta pandemia nos tuvo un año entero en suspenso.


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