En otra vida

En otra vida hubiera podido… A veces nos quedamos suspendidos en un sueño de una vida posible (normalmente mejor) mientras renunciamos directamente a que pueda ser real. Nos decimos que las circunstancias o las decisiones pasadas nos llevaron aquí y ahora y que tenemos poco margen de acción para hacer nada que no sea lo que hacemos ya. Nos decimos que ante tal enfermedad o desgracia no hay nada que hacer, que nuestra vida ya ha sido determinada por no se sabe qué designios. Y sin embargo, siempre suele haber otros caminos alternativos, otras decisiones que podemos tomar, otras situaciones inesperadas a las que nos podemos enfrentar de uno u otro modo.

Miro a los niños saltando olas y me digo que un derrotista solo vería olas demasiado grandes, mar revuelta y revolcones de arena mientras ellos ven un tiempo infinito de diversión. Me digo que un deportista vería un reto o una oportunidad para surfear. Que las madres vemos peligros por todas partes mientras miramos desde la toalla, entre divertidas y estresadas. Y que los a padres ven un poco menos de peligro y saltan también. Me digo que un optimista vería un parque de atracciones gratuito. Y un realista una de cal y una de arena… Veo a los niños saltando olas y sé que ellos no piensan “en otra vida” porque con esta les basta y les sobra.

En otra vida hubiera podido ser médico. Eso quería ser de pequeña hasta que me entró aprensión por la sangre. O psicóloga o sexóloga, esto último me hubiera hecho gracia.

En otra vida hubiera podido viajar por el mundo y vivir de trabajo voluntario en trabajo voluntario, escribiendo en un diario roñoso pero de gran valor.

En otra vida quizá no hubiera estudiado más allá del instituto. Me habría aficionado a hacer pendientes y collares o ropa handmade y habría heredado el puesto hippy de mi padre en Es Canar.

En otra vida no hubiera tenido hijos. O hubiera tenido cinco. Seria lesbiana, bisexual, soltera, viuda, o quizá todo a la vez y daría clases de sexo tántrico. Sería más rica o más pobre o más lista o más delgada o más o menos o…

A veces me paro delante de los escaparates de inmobiliarias y me imagino viviendo en casas más grandes, con piscina, con terrazas y jardines enormes… Nunca me veo en casa más pequeñas, para qué os voy a engañar. A veces veo a los gemelos de la tele decorar casas inmensas en Canadá y pienso que quizá si viviera en aquella parte del mundo también me parecería justo una casa de doscientos metros cuadrados y me parecería perfectamente normal pagar un millón de dólares por una casa.

A veces veo reportajes de españoles por el mundo y me digo que en otra vida hubiera cogido los bártulos cuando la crisis y estaría triunfando en Costa Rica.

O veo programas de los que dan miedo y me digo que las drogas, la mala suerte, la enfermedad o la prostitución hubieran podido hacer de mi vida otra vida mucho peor… Virgencita, virgencita…

En otra vida… Como si fuéramos corriendo tras las olas del mar que se escapan y van y vienen con espejismos espumosos, vamos saltando de un sueño a otro, siempre insatisfechos con lo que tenemos, persiguiendo aquello que hubiera podido ser en vez de saltar la ola que viene y vivir el momento. Los niños, de nuevo tan sabios, saben mucho de disfrutar el momento y saltar olas y aceptar el mar tal cual viene. Pero no con resignación, sino con la convicción de que la siguiente ola será aún mejor, más alta, más divertida…

En otra vida…

Imaginas… Y si… Deseas… Hubiera podido hacer… Te arrepientes… Tendría que haber dicho…

En otra vida… Los niños no piensan en otra vida, van directos por la que tienen. Y los adultos venga dar vueltas a los condicionales.

A veces imagino grandes desgracias que me deprimen primero y me hacen darme cuenta de mi suerte después…

La mayoría de las veces, sin embargo, imagino otra vida con más riqueza, más trabajo, más casa, más viajes, más y más y más… Y diréis que eso denota insatisfacción. Pero en realidad, esa otra vida de ensueño, a mí me hace ilusión. Y después de estar un poco en Babia vuelvo en mi, y me digo que en otra vida hubiera podido ser de todo y más (y no sé si por ello más feliz) pero que la vida que tengo es mía, es real y después de todo está más qué bien si cada mañana nos seguimos levantando con una sonrisa somnolienta y un beso de buenos días sincero.


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