Recuperar el ritmo… Sin correr

Año nuevo, propósito nuevo. Vamos a recuperar el ritmo, pero sin correr. Vamos a escribir cada día, a trabajar, a ver los niños crecer… Sin correr.

Vamos a recuperar el ritmo cotidiano, el de las cosas sencillas y el de disfrutar cada día… El ritmo de comidas cotidianas, de saborear un té, de estar en casa haciendo cosas de casa, de saludar gente en la cola del colegio…

Pensaréis que es un propósito fácil, incluso tonto, pero os aseguro que la cosa tiene su miga. Porque recuperar el ritmo implica haberlo perdido, implica haber sabido hacer una pausa de todo y haberlo disfrutado.

Recuperar el ritmo implica constancia, compromiso. Con la vida cotidiana, que es la que vives cada día.

Recuperar el ritmo sin prisa implica hacer lo que ya hacías pero sin perderte el disfrutar la vida en la vorágine del corre-corre de nuestras sociedades avanzadas -dicen-.

Así que hoy, después de las vacaciones de Navidad con su cotillón y sus brillos, de las visitas familiares llenas de reencuentros y deseos, del turismo en tu propia ciudad, de los Reyes y la magia y la ilusiones… Después de todo…

Vamos a recuperar el ritmo sin prisa. Sin correr.


3 respuestas a “Recuperar el ritmo… Sin correr

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