Cuando amenaza tormenta

Cuando amenaza tormenta corres a refugiarte a casa. No sé si es la mejor opción para superar las tormentas de la vida, huir siempre pareció de cobardes y dejas que los demás decidan por ti el resultado de la debacle. 

Cuando amenaza tormenta, sin embargo, la tentación es grande, de correr a refugiarse sin mirar atrás, sin más… Miras los rayos detrás del cristal. Admiras la lluvia resguardado por la manta sobre los hombros, quizá un té sujeto entre las dos manos, humeante, con olor a canela. 

Cuando amenaza tormenta quieres desaparecer y sin embargo no siempre puedes huir a esconderte. A veces tienes que correr, bolsa de plástico sobre la cabeza o periódico en mano, o directamente cantar bajo la lluvia asumiendo que no has cogido ni paraguas ni botas de agua ni chubasquero ni nada. 

Obviamente no hablo sólo de tormentas de agua, de lluvia del cielo. Hay otras tormentas más difíciles de encarar y siempre nos pillan sin paraguas. De las opciones para afrontar la situación, huir y esconderse, huir mientras te mojas y refunfuñas, o encarar la tormenta y salir a chapotear con las catiuscas, puede que resguardarte en casa te parezca la más segura e inteligente. Pero creo que no, lo siento, la tormenta que te acecha no va a desaparecer por arte de magia bajo la manta. Seguirá ahí, a punto de descargar su furia sobre ti. Casi te diría que es mejor que tengas una buenas catiuscas y una gran sonrisa para enfrentarte a la tormenta. 

Ten recursos emocionales, respuestas, protégete con un chubasquero para que te resbalen las palabras necias que traen todas las tormentas. Y cuando haya pasado, porque pasará, guarda las botas y la chaqueta impermeable a buen recaudo para la próxima. Pero antes disfruta de tu victoria sobre la tormenta y chapotea. Sea cuál sea el resultado, si has salido de la tormenta vivito y coleando y sin que te parta un rayo, has superado la prueba. Salpica, déjate salpicar por el barro y el agua. Analizar y sumergirte en la tormenta y los charcos que acaba de dejar te ayudará a soltar lastre, analizar y aprender. Y luego, pues te duchas y dejar ir el lodo, el agobio, el frío, los huesos calados, y ahora sí, disfrutas de tu refugio en calma. 

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