El tiempo vuela; que no te lo vuelen 

Fiiiuuuuuu! Te lo dije: el tiempo vuela. Rápido. No es un tópico. Vuela. Y no te das ni cuenta. Flas, flas!! Bofetón de realidad al canto. De pronto tus hijos tienen seis años y no sabes cómo ha sucedido. Ni cuándo. Bueno, sí, los últimos seis años. Pero… ¿Dónde se han metido? ¿Qué has hecho de ellos? ¿Cuántas anécdotas has acumulado? y, lo que es más importante, de cuántas te acuerdas. 

Tienes el móvil sin capacidad de las fotos que has hecho. ¿Pero cuántos álbumes has conseguido acabar, imprimir, hojear? ¿Te acuerdas de tus bebés? ¿De cuando lloraban y porqué? ¿Te acuerdas de antes? ¿Antes de? ¿Cuántos trabajos, compañeros, casas, vecinos, madres, padres, has conocido? ¿Qué pasó? Y sobre todo, ¿qué no pasó?

De pronto me choco con fotos y frases y reflexiones… Alguien pregunta, “oye, tú que tienes dos, cuándo se empieza a dar la fruta“? Y con cara de pánfila respondes cualquier cosa mientras te entra vértigo… Fiiiiuuuuuuuuu… 

Casi mejor si de vez en cuando tienes un momento de lucidez y te dejas llevar. Vives. Te cueste el tiempo que te cueste (la vida siempre cuesta tiempo, esa es su moneda). Yo no digo siempre, es algo estresante andar acordándote todo el tiempo del carpe diem y el tempus fugit. Si consigues ser water, my friend, y dejarte llevar, mejor que mejor. Si consigues ser slow, felicidades, ya me contarás como porque como isleña a mí el ritmo de la ciudad me tiene loca. Pero si como yo andas correteando sin ton ni son y de vez en cuando tienes flashes de lucidez horaria, entonces, disfruta de tu lucidez y respira tu tiempo.

Fiiuuuu… El tiempo vuela. Que no te lo vuelen!! 

PD: citándome a mí misma (por feo que pueda estar)…

chicos, no os voy a perder. No voy a perderme vuestra infancia por trabajar mucho, conciliar poco, enfadarme, hacer una pila de deberes o apuntaros a ciento y una extraescolares. (…)

Me refiero a perder los momentos que podemos disfrutar juntos ahora que todavía soy vuestra madre favorita y vuestro padre es el héroe más molón del planeta (…)

De momento intentaré disfrutar más y enfadarme menos. Demostrar más amor y no gruñir. Recibir con los brazos abiertos y guardarlo para ese futuro en que os esteis haciendo mayores y vea los fantásticos hombres en que os hayáis convertido. Y si algún día alguno de mis queridos adolescentes se asoma a este post, sabed que os quiero, que os espero y que me siguen gustando los besos de buenas noches, los buenos días por la mañana y los abrazos en cualquier momento.

Del post “No os voy a perder hijos: cuando la infancia vuela“.

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