Nunca una tormenta duró cien años: y si llueve, que llueva.

No hay tormenta que dure cien años
No hay tormenta que dure cien años

A veces, llueve varios días.

A veces, las tormentas duran y duran y duran… Tanto que te acostumbras a los rayos y a los truenos. Tanto que ya nunca sales sin paraguas, por lo que pueda pasar.

A veces vives días grises tras días grises y ya no recuerdas lo que era ver salir el sol en un horizonte despejado de nubes.

Y sin embargo, mira más allá de la cortina de agua.

Resulta que si pisas un charco con tus botas de agua, hay una onda que se expande. Hay movimiento en el agua. El paisaje reflejado se mueve. El fango queda removido.

Yo no sé de tu tormenta ni de las lluvias que caen en tu mente. Pero sé de pequeños gestos que me hacen ser feliz.

Unas catiuscas coloradas.
Saltar en los charcos.
Pasear bajo un paraguas rojo.
Y llevar los labios a conjunto.
Compartir el refugio de un zaguán.
Encontrar calidez en un abrazo.
Calentarse con una sonrisa.
Reconfortarse con una taza de té. Y una conversación.

Al fondo, la tormenta.
Tras los cristales, la lluvia.
Las botas de agua, secándose tras saltar en los charcos.

Y si llueve, que llueva.
Nunca una tormenta duró cien años.


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